Las puches ¡para ahuyentar los fantasmas!

puches-antonio-illan

Cualquier día del año es bueno para preparar unas “puches”, también llamadas “gachas dulces”. Es tradición que se coman el Día de todos los Santos; por ello, no está de más que sirvan para recordarnos una de las cosas buenas que tiene el mes de noviembre. Hay recetarios que se refieren a este plato con el nombre de “puches toledanas”, pero bien es cierto que se le puede poner el apellido de cualquier lugar para acreditar su naturaleza.

En algunos lugares a las “puches” se las conoce con el nombre de “comida de ánimas”, ya que se solían dejar, valga la leyenda, para que las comieran las ánimas de los difuntos que volvían en esa noche que va del uno de noviembre, Día de los Santos, al dos, Día de los difuntos.

Las “puches” no son comida de anteayer, pues este nombre viene del latín “pultes”, un alimento habitual en el mundo romano cuyo ingrediente esencial era la harina. En nuestra lengua castellana ya encontramos el término bien documentado en el siglo XVI para identificar una especie de puré (no siempre dulce) con la harina como ingrediente principal.

Las puches es una receta sencilla pero con múltiples variantes y en cada lugar la enriquecen con ingredientes que ofrecen matices muy diversos al buen paladar. Una de las formas de hacer puche es esta recogida de la tradición oral en un pueblo toledano.

Se necesitan los siguientes ingredientes: harina de trigo, azúcar, miel, anises, aceite, agua y unos coscurros de pan. Nos ponemos manos a la obra punto por punto. Se pone aceite a calentar y se fríen en él un buen puñado de coscurros de pan en cuadraditos. Cuando estén fritos, se sacan y se apartan en un plato. Se retira un poco de aceite, si es mucho lo que hay en la sartén, y se echa en esta azúcar y miel a partes iguales en cantidad proporcional a la cantidad de puches que vayamos a hacer, para que estén dulcecitas. Una vez licuadas la miel y el azúcar, se vierte en la sartén los cuadraditos de pan frito para que tomen parte de sustancia dulce. Se vuelven a sacar de la sartén y se reservan hasta el final. Se añade a la sartén con la miel y el azúcar desleídos, agua y anises molidos para hacer el caldo. (También se han podido cocer previamente los anises en el agua y añadir sólo ésta, si no gusta ver las semillas de anises luego en el plato, aunque hay a quien eso le apasiona). Se cata y se rectifica de dulce. Se añade al caldo, que ya estará cociendo, la harina, que previamente hemos disuelto en un poco de agua. Movemos bien con cuchara de madera, para que no se nos formen grumos. (Esta operación es esencial). Se dejan cocer durante un buen rato, sin dejar de remover, hasta que cuajen. Podemos finalizar con dos variantes: vertemos las puches en platos y ponemos los coscurros enmielados por encima o vertemos los coscurros en la masa y les damos una vuelta entre las puches. Dejamos que se enfríen bien y nos las comemos ¡sin olvidar que tenemos que dejar un plato para las ánimas!


Antonio Illán

(El escritor Antonio Illán está colaborando con Toledo Capital Española de la Gastronomía en la elaboración de una serie de artículos sobre la literatura y la gastronomía típica de Toledo).

Deja un comentario